Cuando hablamos de feudalismo, pensamos en un pasado remoto: castillos, reyes, campesinos atados a la tierra. Pero Yanis Varoufakis, en su obra Tecnofeudalismo , nos plantea una idea inquietante: que no estamos frente a una evolución del capitalismo, sino ante su reemplazo por un nuevo régimen de poder. Uno que no necesita ejércitos ni fronteras, porque gobierna desde la nube. Uno donde los señores feudales ya no son nobles armados, sino plataformas tecnológicas que controlan el terreno digital que habitamos. El autor sostiene que el motor del capitalismo clásico –la competencia por las ganancias a través del mercado– ha sido desplazado por una lógica diferente: la renta digital. En este nuevo escenario, las grandes corporaciones tecnológicas no compiten ofreciendo mejores productos, sino que monopolizan el acceso a los datos, a los espacios virtuales y a nuestra atención. Y eso les permite obtener ingresos extraordinarios simplemente por poseer, no necesariamente por producir. Es, se...
1. Modernidad Definición: La modernidad es un proceso histórico-cultural que se inicia en Europa tras el Renacimiento y se consolida durante la Ilustración. Se caracteriza por la centralidad de la razón, la fe en el progreso, el desarrollo científico, el individualismo y la búsqueda del dominio sobre la naturaleza. Reflexión: Aunque la modernidad trajo consigo avances científicos y reconocimientos en materia de derechos humanos, también impuso una visión única del desarrollo que dejó fuera otras formas de entender el mundo. En su intento por “civilizar”, silenció conocimientos ancestrales y realidades diversas. Nos invita a preguntarnos: ¿progreso para quién y a costa de qué? 2. Posmodernidad Definición: La posmodernidad surge en el siglo XX como una crítica a los valores absolutos de la modernidad. Propone el relativismo, la pluralidad de perspectivas, la fragmentación del sujeto y la desconfianza hacia los “grandes relatos” que intentan explicar el mundo de forma totalizante. ...
La tiranía de la felicidad En una época donde todo se mide, se optimiza y se comparte, la felicidad ha dejado de ser una experiencia íntima para convertirse en un mandato social. Ya no se trata de sentirnos bien, sino de demostrarlo constantemente. Mostrar una sonrisa se ha vuelto tan obligatorio como llevar ropa limpia. Lo que antes era un deseo personal ahora es casi un requisito de pertenencia. El problema no está en querer estar bien, sino en la manera en que esa idea ha sido moldeada. Hoy, parecer feliz vale más que estarlo. Y si no lo estás, eres tú el problema. Las emociones se gestionan como si fueran tareas administrativas, se corrigen como si fueran errores de software. El sufrimiento, la tristeza o el cansancio han perdido legitimidad, y se leen más como defectos de carácter que como respuestas humanas ante realidades difíciles. A nuestro alrededor, crece un mercado que se alimenta de esa ansiedad por estar bien. Cursos, terapias exprés, libros milagrosos y aplicaciones d...
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